
Pero sí, volviendo al principio, parece que Anatoly Perminov (foto), director de la agencia espacial rusa (Roskosmos) necesita unas cuantas clases de diplomacia cuando se trata de hablar de mujeres en el espacio. Bueno, y quizás también necesita un poco de cultura científica para dejar de creer en absurdas supersticiones.
El caso es que, no contento con haber decidido recientemente eliminar el número 13 en la contabilidad de las misiones Soyuz TMA, no sea "que pase algo" (no es oficial pero parece que pasaremos de la Soyuz TMA-12 a la 14 directamente), ahora se nos despacha con que quizás el hecho de que hubiera dos mujeres a bordo de la última nave Soyuz que volvió a la Tierra podría haber sido la razón de los serios problemas experimentados durante la reentrada.
El sábado 19 de mayo tenía lugar el retorno a la Tierra de la misión Soyuz TMA-11 procedente de la Estación Espacial Internacional. A bordo viajaban el cosmonauta ruso Yuri Malenchenko, la norteamericana Peggy Whitson (primera mujer comandante de una tripulación a bordo de la ISS), y la astronauta surcoreana So-Yeon Yi.
Es decir, dos mujeres y un hombre (algo que parece que a Perminov le molesta bastante). Y la vuelta de esta nave a la Tierra fue de lo más accidentada, perdiéndose contacto por radio desde los inicios de la reentrada, descendiendo en una trayectoria balística (no la habitual) que sometió a sus ocupantes a tremendas aceleraciones, y aterrizando a más de 400 km del lugar previsto, sin que el control de la misión conociera el estado ni el paradero de la nave hasta 30 minutos después del aterrizaje.
En definitiva, un descenso repleto de fallos gravísimos, en lo que pudo haber sido una repetición del accidente de la Soyuz 5 en 1969 (en el que su único ocupante casi muere incinerado), y que está siendo investigado con seria preocupación.
Pues bien, en una rueda de prensa sobre estos problemas, alguien le preguntó a Perminov si pensaba que el problema podría estar relacionado con una superstición rusa que dice que tener mujeres a bordo de un barco da mala suerte. El hombre, tan tranquilo y convencido responde que “como usted sabe, en Rusia estas cosas son de mal augurio, pero gracias a Dios, todo salió bien.Por supuesto, en el futuro intentaremos que el número de mujeres no supere al de hombres”.
Al escuchar esto, otro periodista entró al trapo acusándole de sexismo, a lo que Perminov respondió que “Esto no es discriminación. Simplemente digo que cuando hay mayoría de mujeres, a veces surgen algunos comportamientos no autorizados o bien ocurren otras cosas”. No explicó a qué se estaba refiriendo.
En fin, creo que no merece más comentarios por mi parte. Háganlo Uds. si quieren...
Pero lo cierto es que tanto la sociedad rusa como su programa espacial siempre han sido tremendamente sexistas, a pesar de que la propaganda soviética haya querido dar imagen siempre de lo contrario.

Es cierto, la primera mujer en el espacio fue una rusa, Valentina Tereshkova, en una época en la que en los Estados Unidos nadie se planteaba incluir a mujeres en tareas de estas características. Pero lo cierto es que Tereshkova voló por decreto, por decisión política para, precisamente, hacer propaganda de cara al exterior sobre lo democrático que era el régimen comunista, “incluso para las mujeres”. Y lo hizo con el desagrado de todos los responsables del programa espacial soviético, empezando por Korolev.



Elena Kondakova sería la tercera y última mujer rusa en el espacio, formando parte de una tripulación a bordo de la Mir entre 1994 y 1995.

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